7 de febrero de 2023

Lo único malo de lo cíclico, de esta vuelta permanente y que por momentos se siente eterna, es la melancolía.  

Siempre, con cada cambio de ciclo, florece en mí un dejo de nostalgia, de melancolía. Por lo perdido, lo que se deja atrás, aunque sea de modo momentáneo en esta rueda infinita.

Por ello miro con ahínco, de tanto en tanto a mi alrededor, porque sé que todo se mueve y el ciclo siempre avanza y se encamina a su siguiente estado, mas en ese encaminarse siento las carencias y me acurruco en ellas. Como hoy que extraño lo imperceptible, lo que los demás dan por sentado.  

20 de enero de 2023

 - Te lo puedo preguntar...

¿Me amabas?

Lo siento... -

Creo que sí

- ¡Mierda!

Pero tranquilo, creo que ya me estoy mejorando. -

- No es eso...

Ahora desearía tener vida eterna.

13 de enero de 2023

Déjame sentir el filo

de tus textos,

el calor de tu tinta

y el vértigo de tus

intenciones.

 

6 de enero de 2023

 - ¿Y cómo es que te enamoras?

- Pues pasa de pronto que voy por ahí, y sin previo aviso escucho un par de palabras...

Y de pronto cobran todo el sentido del mundo, más aún si van acompañadas de una hermosa melodía.

Así sin más, esas palabras se quedan conmigo y me acompañan para siempre (tanto que las comienzo a tararear). 

29 de diciembre de 2022

El sol se va, los días se acaban...

¿y los sentimientos?

Esos siempre permanecen, se acoplan al ser y le dan forma.

Incluso, tal vez, son la forma misma que se enmaraña sobre sí; que muta sin cambiar demasiado y que se mantiene sin ser perenne.

Y se sienten cada tanto, recordando que estamos, que somos y que muchas veces añoramos. 

21 de diciembre de 2022

Silencio

¿El silencio en las redes implica que has dejado de existir?

 O será que te has liberado del yugo y emigraste a nuevas tierras de experiencias vívidas.

Será acaso que todas las letras no escritas, no dichas, no son sino un epitafio... 

Me gustaría saber, pero el silencio me ha consumido.

16 de diciembre de 2022

Límite

 Dónde está el límite, la línea que da cuenta cuando se debe detener la racionalidad para tratar de entender al otro.

Hasta dónde uso mi racionalidad para explicar(me) que el otro no tiene una intención perversa, que sólo está sufriendo tanto o más que tú mismo, y que es en ese sufrir profundo, que no media en su trato con el mundo.

¿Hasta dónde se aguanta? ¿hasta dónde debo comprender? ¿debo comprender siquiera?

Cómo mediar con ese dolor ajeno, desconocido y extraño. Cómo ser parte de del apoyo y no de la cadena que restringe. Cómo imaginarme un modo de erradicarlo, sin lograr acceder a la bruma del otro, a la incomprensión.

Cómo sanar al otro, si en el contacto resulto profundamente dañado.